Nada es seguro y todo es posible...

Nada es seguro y todo es posible. Descreer de cualquiera de las dos afirmaciones anteriores puede llevarnos a lugares los cuales pueden no ser los deseados. Al no ser nada seguro estamos asumiendo que algo imprevisible puede suceder, lo que nos hace reflexionar que hasta que lo que creemos imposible se puede hacer realidad. Nuestro cerebro para hacernos vivir más tranquilos intenta convencer a nuestro corazón de ciertas verdades que cree reveladas para que no se ponga a latir más rápido de lo que debería. Igualmente, esa pequeña esperanza hace que, a pesar de todo, el corazón siga bombeando con un cierto dejo de esperanza.